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Messi: el día después

Una reflexión personal explora admiración, nostalgia, perseverancia: emociones compartidas por generaciones enteras.

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Messi: el día después

Finalmente pasó: Lio Messi le dijo adiós a la selección argentina el martes 6 de octubre, en la cancha de River y con su gente, en un homenaje llamativo pero emotivo. Entre gestos de cariño y tristeza por la despedida, como dicen por ahí, nos deja llenos a los amantes del fútbol con vivencias de su excelso legado. Como dice Valdano, se despidió de la camiseta más sufriente y querida para él.


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Lo digo tal vez en mi condición de hincha azulgrana, el lugar más cómodo desde el cual me tocó disfrutarlo, porque, como arequipeño que soy, lo padecí desde otro lugar también, viéndolo hacer ganar a una selección que es infinitamente superior a la de mi país. Y en esa dualidad, me fue imposible no disfrutar de su fútbol, propio de su talento descomunal; me hizo amar más a la pelota y también, por qué no, por una argentinidad impuesta.


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Lo vi jugar por primera vez en la final de Champions League que enfrentó a su Barça contra el Manchester United de Cristiano Ronaldo. El Estadio Olímpico de Roma fue testigo mudo de la irrupción de un joven gladiador con ansias de convertirse en emperador, y ese partido fue el escenario perfecto. Un gol de cabeza le bastó para proclamarse como nuevo César del fútbol y, para mi buena suerte, hacer campeón a un Barcelona que, bajo el mando de un tal Guardiola, ganaba su tercera Copa de Europa.


Desde entonces, su don sobrenatural con la pelota no dejó de asombrar, haciendo gambetas imposibles, guachitas y golazos que hacían levantar del asiento a cualquiera para enseguida, entre gritos y lágrimas, corear su nombre. Con los años alcanzó el nivel máximo de virtuosidad, jugando a cámara lenta, mostrando la esencia más pura del fútbol, que en cada Copa del Mundo se hacía más evidente, y no había forma de descifrar su magia. Era como ver a Harry Potter realizar el encantamiento Patronus antes que el resto de la clase; y seguramente, si en Hogwarts se practicase también el deporte rey, Messi sería el alumno más aventajado por esa lucidez y capacidad de dosificar su magia en beneficio de la concreción de la jugada.


Y ahora que se fue, hay una pregunta inevitable: ¿cómo se sigue después de Messi?, ¿cómo se vive el fútbol sin su talento en la cancha? El otro día conversaba con un amigo argentino mientras tomábamos mate,  me afirmaba que es más probable que aparezca algún otro jugador con don celestial para jugar a la pelota, porque eso es lo bueno de Argentina: que es el mejor semillero de fútbol en Sudamérica. “Yo no estoy tan seguro; pasarán muchos años hasta que aparezca un nuevo Messi o quizás nunca lo llegue a ver, aunque albergo una pequeña esperanza de que Julián Álvarez la rompa y me haga extrañar un poquito menos a la Pulga rosarina”.


Yendo hacia el tema de los homenajes, coincido con Valdano en que retirar la diez como homenaje a su carrera internacional con la Albiceleste es muy poco para celebrar a quien yo creo que es el Miguel Ángel del fútbol, alguien que formó parte del paisaje social y emocional de nuestra niñez.


Cada uno disfrutó y sufrió a su modo al Mesías,o quizás estando  ambos lados como me tocó a mi , disfrutar y padecer al mismo tiempo; pasando la criba una y otra vez a toda su trayectoria. Lo único que importa es lo felices que fuimos viéndolo jugar, ya sea en el Barça o en Argentina. El mejor homenaje que se le puede hacer es recordando que, al fin y al cabo, su paso por la selección argentina fue una demostración de nunca rendirse e intentarlo una y otra vez a pesar de tener un pecho frío, tomarse un tiempo y luego volver con el pecho más caliente a saldar esas deudas que honestamente no le debía a nadie, pero que al menos nos sacó la espinita de no verlo campeón del mundo.


Por esa razón el día después de Messi tiene esa connotación agridulce porque estábamos acostumbrados a verlo cada domingo dentro de una cancha hacer juzgadas extraordinarias que solo él sabe hacerlas, basta con mirar sus demenciales estadísticas y los 8 balones de oro que le dan ese lugar en la historia del fútbol. 

Se fue con justa gloria y se llevó consigo una época feliz de nuestras vidas, con esa sensación de haber visto algo irrepetible. Y esto me da la autoridad para decir: yo vi jugar al mejor jugador de todos los tiempos.

#futbol#selección argentina#Leonel Messi
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