POLÍTICA PARA DUMMIES

Por: Rodrigo Ojeda Gomez, politólogo
I PARTE
Mucho podemos decir sobre las acciones de un Estado, lo que comúnmente manejamos como dicotomía entre la sociedad y el gobierno son las acciones que se ven reflejadas en resultados, los mismos que van a articular el bienestar y confort de nuestra ciudadanía (y claro, la prosperidad y el desarrollo). Es una ecuación simplificada en términos democráticos, elegimos a alguien que represente nuestros intereses y las necesidades de un colectivo o sociedad, el elegido toma las decisiones en base a los intereses antes mencionados y oportunamente reconocidos, interviene en el desarrollo e intercede de existir alguna mejora, amplía las oportunidades de crecer, da lo mejor de sí y al cabo de 5 años deja el cargo para que otro representante entre al poder y pueda hacer el mismo trabajo o ¿por qué no? mejorarlo.
En líneas abiertas y panorámicas, así se ve una democracia sana, una legislatura o un gobierno con un modelo democrático representativo, pero el lector podrá concordar conmigo cuando se plantee la siguiente cuestión. ¿Realmente funciona así? ¿La política en América Latina y en Perú funciona así? Sin ser eruditos en el tema podemos decir que no, de hecho, nuestra realidad política es mucho más complicada que eso y se desenvuelve bajo la misma complejidad. Entonces cabe cuestionarnos ¿Qué pasó con la política? O ¿Por qué la gente odia la política? Estas cuestiones, nos orillan a situar la posición social frente a la representatividad que tanto “apoyamos” cada quinquenio, y es que la sociedad cobra un papel preponderante del desarrollo de una buena política o política sana. Ahora bien, desde la óptica social del conocimiento político, entra a tallar otra situación que se considera relevante, ¿La sociedad realmente sabe de política? Y quizá aquí la respuesta sea mucho más decepcionante de lo que se cree, pues debemos posicionarnos en una autocrítica dolorosa con la siguiente interpretación jurídica, “Uno no puede hacer valer sus derechos si no conoce los mismo”. En el marco político es igual (y creo que en cualquier espacio académico o profesional), una persona que forma parte de un colectivo, que tiene intereses en común y que no sepa ínsito que es la política en su marco nominal difícilmente podrá ocupar un papel preponderante en las elecciones o peor aún, sus intereses e ideologías podrán verse afectadas significativamente. Claro que el concepto de política es realmente amplio, extenso y a veces confuso dependiendo el tiempo y el contexto en el que se situé.
DESCONOCIMIENTO POLÍTICO
Considero que una de las principales hipótesis del desconocimiento político es la amplitud que el mismo tiene y, por ende, el direccionar su concepto a un espacio difuso para comprenderlo, agiganta el terreno pantanoso, haciendo más tediosa su comprensión y enrevesándola más. La política, llamémosla comercial, anglosajona por la que todos debemos entender, comprender y ejercer, no es otra que la que tenemos inherente al ser humano por lógica. Lo podemos ver en la familia, en los colegios, en el vecindario y hasta en el trabajo. El sistema de elección es natural a la humanidad, incluso en la cadena animal, se elige un líder de la manada que pueda guiarnos y/o protegernos, en un caso humano, representar nuestros intereses.
Ahora bien, ¿qué pasa cuando esta perspectiva la llevamos mucho más allá manejando no solo un grupo pequeño, sino toda una nación, una sociedad, donde se deba necesitar de la soberanía y competencia con otras sociedades igual o más grandes, demográficamente hablando, que la nuestra? Considero que el lector se enfocaría en decir, que quien se elija deba conocer mucho más a la sociedad y los intereses que tiene el mismo. Pero en una realidad empírica, ¿nuestros representantes tenían idea de la necesidad de su sociedad?
Pues tal parece que no, porque vivimos ahora en una situación de extrema crisis de inseguridad ciudadana, ya que el 81% vive perseguido, donde el crimen organizado afectó a la mayor parte de estratos sociales, como el comercio, salud, transporte, etc. El número de fallecidos se ha triplicado en solo 3 meses, el 24% de los peruanos ha sido víctima de robo a mano armada, hasta el mes pasado se reportaron 13.372 denuncias por extorsión y entre el 2021 y el 2023 la cifra se quintuplicó de 4.510 a 22.162 de acuerdo con el observatorio de Seguridad Ciudadana del Ministerio del Interior. Pavimentada la situación con estadísticas, cabe direccionar la crítica a nuestros representantes. Dicho esto, y de acuerdo con lo elaborado en primera parte del presente, queda concluir que el principio básico de la representatividad se rompió, cayó o desapareció, entonces, volvamos a la cuestión inicial: ¿Qué pasó con la política? ¿Por qué tenemos a representantes que no nos representan? ¿Tiene solución? Pues queda profundizar el análisis de las cuestiones presentes en la segunda parte.
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