Por qué la transformación digital deberá ser el nuevo motor de la mype sureña el 2026

Por: Ing. Edith Choque Sandoval, gerente general Pro Avance.
Si hay algo que define a nuestra Arequipa, no es solo el imponente perfil de sus volcanes, sino la velocidad de su pulso comercial y esa histórica ambición de mirar siempre hacia el Pacífico con ojos de progreso.
Nos caracterizamos por ser los primeros en movernos, en negociar y en trazar nuevas rutas de intercambio. Pues bien, hoy esa ruta es inevitablemente digital, y se desplaza a una velocidad que no admite distracciones. El dilema de nuestras micro y pequeñas empresas (mypes) en la macrorregión sur no es si entrar o no a la digitalización, sino cuánto tiempo de vida les queda antes de que el mercado las deje atrás. Y, este 2026, aparece como horizonte crítico y que exige entender que la tecnología ya no es un accesorio, sino un activo tan vital como el agua para nuestra campiña.
La Transformación Digital dejó de ser una tendencia para convertirse en la infraestructura esencial para competir. Para un empresario en Arequipa, Puno o Moquegua, esto va mucho más allá de abrir una página en Facebook. Hablamos de la aplicación estratégica de herramientas que optimizan costos y expanden el alcance de forma radical. Nuestras mypes representan más del 99 % del tejido empresarial peruano y son las responsables de generar cerca del 60 % del empleo a nivel nacional, según los reportes del Ministerio de la Producción (PRODUCE). Sin embargo, nos enfrentamos a una brecha alarmante: las estimaciones del INEI y diversos gremios empresariales indican que solo entre el 20 % y el 30 % de estas unidades productivas utilizan herramientas digitales avanzadas, como sistemas de gestión en la nube o análisis de datos.
El argumento central es que, para garantizar un desarrollo justo que sostenga a nuestras familias, debemos innovar en la eficiencia operativa. No es un gasto, es una inversión con retorno medible. De acuerdo con proyecciones para este año del Banco Mundial (BM), la digitalización de procesos básicos puede traducirse en un aumento directo de entre el 2 % y el 3 % en la productividad anual de las pequeñas empresas en América Latina. Esta mejora es el margen que separa a un negocio que sobrevive de uno que lidera.
Este viaje hacia la modernización comienza con el orden interno que nos regala la Nube (Cloud Computing). Imaginen que el dueño de una panadería artesanal en el corazón de Yanahuara o el gestor de un taller textil en el Parque Industrial pueda supervisar sus inventarios, facturación y cuentas por cobrar en tiempo real desde un dispositivo móvil. Dejar de lado los cuadernos de apuntes o los archivos aislados en una computadora vieja reduce riesgos y costos operativos de forma inmediata.
Una vez que la casa está en orden y los procesos están digitalizados, desbloqueamos una herramienta poderosa: El dato como brújula (Data Analytics). Nuestras mypes generan información valiosa cada segundo, pero a menudo la ignoran. Al analizar qué producto rota más o en qué horario prefieren comprar nuestros vecinos, dejamos de depender de la simple intuición para empezar a planificar con la precisión de un reloj. Es, en esencia, aprender a leer el clima del mercado antes de sembrar.
Finalmente, el destino de este esfuerzo es la expansión regional y global mediante el comercio electrónico. Si bien muchas empresas ya usan redes sociales, el verdadero salto hacia el 2026 requiere integrar plataformas de pago seguras y una logística eficiente. Para un productor de café en las provincias altas o un fabricante de calzado arequipeño, el mercado ya no termina en la esquina de su calle; su vitrina hoy es el mundo, siempre que cuente con la trazabilidad y seguridad que el cliente moderno exige.
Llegar al 2026 con un negocio competitivo requiere de una planificación informada. Mi recomendación para el empresario local es no lanzarse a comprar tecnología por moda, sino apostar por la capacitación técnica propia y de su equipo. Busquen el apoyo de las cámaras de comercio y los programas de digitalización que hoy existen. La resiliencia que nos caracteriza como sureños debe evolucionar hacia una madurez digital que asegure la sostenibilidad de nuestros emprendimientos. El futuro de nuestra macrorregión se definirá por nuestra capacidad de transformar esa histórica energía comercial en una infraestructura digital sólida. No esperemos a que el mercado nos obligue a cambiar; lideremos el cambio con convicción y estrategia.
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