Arequipa

Productividad invisible: ¿Cuánto le cuesta a su empresa que usted no disfrute en familia?

5 de febrero de 2026

Por: Edith Choque Sandoval, gerente general de Pro Avance.

Caminar por las calles del Cercado un día cualquiera por la tarde, entre el eco del tráfico y esa mezcla de prisa y tradición que se respira en cada esquina, nos obliga a preguntarnos por qué corremos tanto. Para quienes lideramos organizaciones en Arequipa, esa urgencia parece grabada en nuestro ADN; somos hijos de una tierra que no conoce el descanso y que ha convertido el esfuerzo en su mayor orgullo. Sin embargo, en este 2026, la imagen de la ejecutiva o el empresario que sacrifica su entorno personal en el altar de la rentabilidad ya no es un símbolo de estatus, sino una señal de obsolescencia.

Considero que el verdadero liderazgo hoy no se mide solo por el balance trimestral, sino por la capacidad de sostener un equilibrio robusto entre la empresa, la familia y el tejido social que nos rodea.

La gestión empresarial moderna en nuestra macrorregión exige una mirada holística. Ya no basta con ser productivos si esa productividad erosiona nuestra base humana. Según los últimos reportes del Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEI) al cierre del 2025, el Perú se mantiene como uno de los países con las jornadas laborales más extensas de la región, superando las 48 horas semanales en promedio en el sector privado urbano. No obstante, esta saturación no se traduce proporcionalmente en eficiencia. Estudios de la Organización Mundial de la Salud (OMS) indican que por cada dólar invertido en programas que fomenten el equilibrio y la salud mental, se genera un retorno de cuatro dólares en productividad. La ecuación es matemática, no solo emocional: un líder agotado es un líder que decide mal.

Desde la perspectiva de la alta dirección, la sostenibilidad de un proyecto depende de su resiliencia humana. El Índice de Competitividad Regional (INCORE 2025), elaborado por el Instituto Peruano de Economía (IPE), sitúa a Arequipa en puestos de vanguardia en aspectos económicos, pero revela retos persistentes en el pilar social y de bienestar. Aquí radica nuestra responsabilidad. La empresa es una célula de la sociedad; si la célula ignora la salud de su núcleo, es decir, la familia, o el bienestar de su entorno, el organismo entero termina por resentirse. Una empresa exitosa en una sociedad fragmentada es, en el fondo, una empresa frágil. Como ejecutivas, entendemos que la equidad no es un concepto abstracto, sino una práctica diaria que comienza por respetar el tiempo de desconexión de nuestros colaboradores para que puedan ser ciudadanos y padres presentes.

La innovación no solo ocurre en los laboratorios tecnológicos o en la digitalización de procesos que tanto hemos impulsado. La innovación más urgente de este 2026 es la gestión del tiempo y el propósito. Encuestas recientes de Vistage Perú muestran que el 65% de los CEO en el sur del país ahora priorizan el «bienestar integral» como una de las tres competencias críticas para el crecimiento organizacional. Esto significa que hemos empezado a entender que el éxito es un sistema de vasos comunicantes. Si descuidamos la mesa familiar por el escritorio de la oficina, estamos agotando el combustible emocional que permite la creatividad y la resistencia ante las crisis. La solidez de nuestro empresariado debe parecerse más a la arquitectura de nuestras casonas antiguas: piedras grandes y pequeñas que, al encajar con precisión y respeto por el espacio ajeno, resisten cualquier sismo.

Mi reflexión final para usted, colega que hoy revisa sus metas mensuales, es que la planificación informada debe incluir, obligatoriamente, espacios de silencio y presencia. No debe permitir que la inercia del mercado le robe la posibilidad de ver crecer aquello que no se puede recomprar: el tiempo con los suyos y su propio equilibrio interno. 

La sugerencia es práctica: audite su agenda con la misma rigurosidad con la que audita su caja chica. Establezca límites claros y fomente una cultura organizacional donde la eficiencia se premie más que la «presencialidad» vacía. El sur del Perú necesita empresas rentables, por supuesto, pero sobre todo necesita empresarios humanos, capaces de construir un legado que trascienda las cifras y se refleje en una sociedad más cohesionada y resiliente. El desarrollo justo no es un destino, es la forma en la que decidimos caminar cada día.

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