Ricardo Corazón de Libro

El libro es una fuente de inspiración. Leer un libro es una oportunidad de cambio, no leerlo es una oportunidad perdida. Leer es vivir la aventura del conocimiento.
Por: Mario Rommel Arce Espinoza
Acabó la quinta edición del Hay Festival Arequipa satisfaciendo la enorme expectativa que se renueva cada año con la convocatoria de intelectuales, nacionales y extranjeros, en lo que se conoce como la fiesta de las ideas.
Todo comenzó en el pueblo galés de Hay, allá por el año de 1962, cuando un joven de 23 años llamado Richard Booth se estableció en aquel lugar no para ser un apacible vecino, sino con el afán de impactar con la excentricidad propia de los ingleses. Fue así que en un hecho sin precedentes comenzó a adquirir propiedades para convertirlas en librerías de libros de segundo uso. Después de 30 años, el pueblo de Hay adquirió fama mundial por contar con más de un millón de libros a la venta. Y también por tener varias librerías para una población promedio de 1500 habitantes, la mayoría de ellos dedicados a la actividad agrícola.
Cómo, entonces, una escasa población de personas dedicada a la agricultura podía tener tantas librerías. Algo paradójico, para cualquier otra persona, pero no para el emprendedor Richard Booth, que tiempo después se autoproclamó rey de Hay. Y, asimismo, proclamó la soberanía de su pequeña nación, hasta el punto de emitir pasaportes. Claro que todo esto no era más que una estrategia publicitaria para llamar la atención de la gente, y así promocionar al pueblecito de Hay. A la larga lo logró, Hay llegó a ser capital mundial del libro.
El laureado escritor arequipeño Mario Vargas Llosa en su columna “Piedra de toque”, publicada en “El Comercio” de Lima, el 6 de julio de 1991, bajo el título “El paraíso de los libros”, trazó el siguiente recuerdo de su viaje a Hay: “Estuve aquí por primera vez hace algún tiempo, apenas por unas horas, para participar en un Festival de Literatura que trae hasta este poblado a muchos escritores cada comienzo de verano. Me quedé tan desmoralizado por haber tenido la miel junto a la boca y no haber podido saborearla que ahora he vuelto. No me arrepiento de haberlo hecho”. Y agregó: “Comprar libros es un placer casi tan grande como leerlos, una aventura excitante y secreta que pone en acción todos los recursos del cuerpo y del alma: la fantasía, la intuición, la vista, el tacto”.
Los lectores somos capaces de recordar la manera cómo un libro llegó a nosotros, las circunstancias en que fue adquirido, el lugar donde lo compramos. Como si fuera un amor a primera vista, quedamos atrapados, seducidos por el título de la obra. A su favor, cuenta el prestigio del autor.
Una vez que el libro es nuestro, pasa a formar parte de la biblioteca familiar o personal, no para que sea un elemento decorativo del hogar sino para obtener de él el máximo provecho. ¿De qué manera? Haciendo anotaciones marginales al libro, leyendo de manera reflexiva, para colegir ideas.
Es insuficiente sostener que el libro mejora el lenguaje y brinda conocimientos. Sumado a ello está que potencia la imaginación, suministra herramientas útiles para defenderse en la vida cotidiana y profesional. Aparentemente, no hay una clara conciencia de ello, de ahí el poco interés por la lectura de los buenos libros.
Siempre he dicho que leer importa un acto de decisión personal de vivir la experiencia de la lectura. Es como un nuevo amanecer, crece el horizonte cultural, se opera un cambio progresivo en la persona, capaz de situarla en contextos diversos al suyo, por obra de la imaginación.
El pueblecito de Hay es un ejemplo de apuesta por el libro y la lectura. Una historia todavía más increíble si se repara en la voluntad desmesurada de Richard Booth por hacer de Hay una ciudad referente del libro, adonde acuden de todo el mundo las personas creyentes del libro impreso.
Este manifiesto interés por el libro impreso evidencia que nunca desaparecerá, a pesar de los agoreros que sostienen lo contrario. Ambos soportes convivirán, como ocurrió en el pasado con el libro manuscrito y el libro impreso.
Este paraíso de los libros, llamado Hay, refuerza la idea del rol de la cultura escrita en las sociedades contemporáneas. Por ejemplo, el capital cultural, tal como lo entendió el sociólogo francés Pierre Bourdieu, reproduce los conocimientos adquiridos en la escuela por generaciones, a través del libro de texto.
Alguien afirmó que solo el Perú se salvará con una montaña de libros. Esto parece extremo, pero expone la realidad de un país todavía no liberado del prejuicio y la ignorancia. Hace falta trabajar más en educación, mejorando los índices de lectura, en un contexto en que no hay suficientes bibliotecas públicas en el país.
El paraíso de los libros que describe el escritor arequipeño Mario Vargas Llosa, para el caso del pueblecito de Hay, es porque hay muchas librerías, mucha oferta de libros. Hay otras ciudades en el mundo, consideradas igualmente literarias. Eso también quisiéramos para el Perú. Solo en Arequipa se cuenta con algunas pocas librerías para una ciudad con alrededor de 800 mil habitantes. ¿Hay poca oferta y poca demanda? Es posible, lo cierto es que no hay suficientes bibliotecas públicas que garanticen a la población el acceso a la información y al conocimiento. ¿O será que este tipo de demanda está cubierta por las tecnologías de la información y la comunicación? Es posible, pero no podemos claudicar en contar con bibliotecas municipales con acceso a Internet. Las bibliotecas de hoy son de naturaleza híbrida, porque combinan la tradición con la modernidad.
Cuando afirmo que no hay suficientes bibliotecas públicas lo hago convencido de la necesidad de su servicio. Es la biblioteca municipal la llamada a contar con una biblioteca infantil, con el servicio de Internet, con el catálogo electrónico en línea, que permita conocer las colecciones de la biblioteca desde cualquier lugar del mundo.
La biblioteca pública es el lugar de la memoria de un pueblo, porque atesora su patrimonio bibliográfico. Asimismo, es la fuente de la cultura escrita de distintas épocas y generaciones. Según la filósofa María Inés Mudrovcic, en su libro “Historia, narración y memoria” (Ediciones Akal, 2005), los museos, las librerías, las bibliotecas son repositorios de memorias. En ese sentido, la memoria colectiva de un pueblo se construye a través de las fuentes impresas, existentes en las bibliotecas. Eso sucede cuando una persona revisa los periódicos de épocas pasadas. Comienza un viaje por el tiempo, apreciando mentalidades, discursos, prácticas (tradiciones y costumbres), propias de cada época, que no se rige necesariamente a lo cronológico sino más bien a características que definen una época por sus mentalidades, discursos y prácticas.
¿Cómo hacer de Arequipa un paraíso de los libros? Por lo pronto, hay iniciativas públicas y privadas encaminadas hacer de Arequipa el epicentro de la cultura nacional. El Hay Festival es un evento de enorme magnitud, que contribuye poderosamente a la imagen del país en el extranjero. La convocatoria de intelectuales procedentes de distintos países hace posible que Arequipa se coloque en cuatro días en la atención del mundo. Por otro lado, Arequipa experimenta un acelerado proceso de globalización, por el intercambio cultural a través de las ideas. La peculiaridad del evento es que son las ideas las que gravitan en la atmósfera del Hay. Se respira conocimiento, se piensa, que ya de por sí es un hecho extraordinario.
Escuchar a reconocidos escritores, filósofos, científicos, artistas e intelectuales es una oportunidad única, que progresivamente se va haciendo extensiva a otras regiones del país, como Cusco, Moquegua y Ayacucho. Es una suerte que Arequipa, gracias a la recomendación de Mario Vargas Llosa, sea la sede del Hay Festival, desde el 2015. Cada edición ha tenido invitados especiales, pero lo más importante es que Arequipa ha estado en los ojos del mundo, durante cuatro días consecutivos. Una razón más, para continuar con el evento cultural más importante del año.
Y fue hace muchos años cuando una persona de voluntad férrea y algo disparatado se propuso establecer librerías en el pueblecito galés de Hay. Richard Booth (1938 – 2019) fue un enamorado de los libros. Su corazón era de libro. Su ideal de acercar los libros a los lectores fue creciendo, hasta alcanzar el reconocimiento mundial.
Eso mismo necesitamos acá, grandes ideales para cambiar el sentir de la gente. Que lo imposible sea posible por obra del hombre, capaz de superar cualquier dificultad si lo animan sentimientos nobles, y su empresa busca el beneficio de la comunidad. Soñar es legítimo si aspiramos lograr grandes cosas. En nuestras manos está el poder de cambiarlo todo, liberémonos del prejuicio y la ignorancia, para ser una sociedad mejor. Más abierta a los cambios. No hay que temer a los cambios. Siempre son útiles y necesarios.
Este tipo de visiones son compartidas por todas aquellas personas que han vivido la experiencia de los libros, que han hecho de la lectura un hábito, que están abiertas a escuchar otras opiniones, para enriquecer las propias.
Ricardo Corazón de Libro falleció este año, pero el recuerdo de su obra es inmortal. A su memoria he dedicado este artículo.
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