Stuart Flores: “No existen escritores sino autores”

Primer puesto de la XX Bienal de Cuento Copé 2018, Stuart Flores, cuenta su experiencia en la literatura, el proceso de un cuento y el quiebre de clichés que rompe con una prosa y una sencillez para el diálogo.
Por Roy Cobarrubia V.
-En una entrevista te definiste como un autor, ¿por qué?
Muchos utilizan la palabra escritor de manera impune. La palabra escritor se ha prostituido y ya cualquier persona que escriba se hace llamar escritor, me parece por demás obsceno y prefiero llamar a todos autores, porque finalmente somos eso.
-¿Qué diferencia hay entre un escritor y un autor?
Yo creo, y tampoco soy juez para decirlo, que el lector debe definir quiénes son escritores y quienes autores, porque quienes más se resisten al tiempo, a los rechazos, a las frustraciones a las mismas condiciones del oficio se consolidan y podrían tener u adquirir ese estatus, ese grado sumo. Creo que llamarse escritor, con un solo libro y a temprana edad es muy precario.
-¿Eres supersticioso?
Demasiado, soy una persona construida en base a supersticiones.
-¿Cómo desarrollaste esas creencias?
No sé, pero digamos que esas creencias son parte de mi personalidad, obsesivamente ordenado en algunas cosas, pero no en mis creencias, al azar.
-¿A qué eres supersticioso?
Tengo una superstición, la más horrible, por ejemplo, es si es que estoy caminando por la calle y me topo con placa de un carro que tenga 666 o una casa que tenga el 666, sé que será un mal día, de hecho siempre lo es. Y siempre estoy observando esas cosas, por ejemplo, los envases a veces tienen esos números.
-¿La superstición confabuló en la obtención del Premio Copé?
Creo que fuera de supersticiones, y suena demasiado pedante, allí no tuve que apelar a ninguna superstición. Gané otros premios literarios y también los perdí, fui segundo en el premio de Caretas y también en la Cámara Peruana del Libro en novela, basar esas cosas a la superstición sería desconfiar mucho en mi propio talento.
-El cuento “La piel fría”, ¿cómo lo escribiste?
Suelo escribir de 12 de la noche a 8 de la mañana, y lo que trato de hacer es escribir, bien encerrado unos seis meses, escribo todo lo que pueda, y el resto del año lo dedicó a leer.
-¿Crees que un premio no define la carrera de un autor?
Claro, ningún premio define ninguna carrera, sería construir tu carrera en base a premios, y ver tu carrera como autor basado en premios sería una meta frágil. Por lo menos mi meta es escribir mejor cada día, y mi mejor premio es que ese día me sienta bien con lo que he escrito. El premio es instantáneo, es una remuneración emocional que es propio del ejercicio de la escritura.
-¿En qué trabajas ahora o me vas a mentir?
Yo miento mucho en entrevistas porque creo que las entrevistas son un género literario, pero voy a serte franco. En una superstición, porque tampoco debería contar en qué estoy trabajando, pero voy a serte franco, es una novela muy extensa que ya tiene algo, en palabras 120 mil, y estoy un poco harto de ella porque a mí la novela me gusta terminarla en seis meses y llevó casi un año y tres meses. La acabé, a mí me gusta acabar todo en limpio, y esta la acabé en borrador y tendré que regresar a ella. Y cuentos, siempre estoy escribiendo cuentos, me gusta escribir cuentos porque es estresante. La novela me ayuda a desestresarme.
-¿Cómo llegaste a escribir cuentos?
Hay un libro de cuentos que a mí me marcó, un autor que se llama Val Biro, que tiene una recopilación de cuentos que juegan con la ironía y que de niño me pareció brutal. He leído por obligación y luego por placer a Ribeyro. Pero creo que a mí me marcan los autores disparatados.
-Quedaste segundo en el concurso de Caretas, ¿crees que Reynoso, quien hizo de jurado, fue injusto?
Luego de la ceremonia él declaró que le gustó y siempre lo ha dicho las creaciones de corte regional y el cuento que ganó calzó a su gusto, pero es parte del jurado. No considero que haya sido injusto, a veces a los finalistas les va mejor que los que ganan y al que ganó esa vez nadie lo recuerda, parece que se quedó allí, no hizo más, cada uno construye su propia leyenda.
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