Texao, Arequipa y Juan Guillermo Carpio Muñoz

Es el mayor estudioso de la cultura popular de Arequipa. Su obra «Texao» es uno de sus principales legados a la historiografía nacional. Hasta luego amigo.
Por Mario Rommel Arce Espinoza
El afán intelectual de Juan Guillermo Carpio Muñoz (Arequipa, 1945 – 2019) ha sido siempre Arequipa, el gran tema de sus obras. De ahí que el aporte realizado por él a la historiografía local es de gran importancia.
En el caso de «Texao», recrea la historia de un pueblo sobre la base de los sucesos que le tocó vivir, los personajes que formaron parte de esa historia, y las anécdotas y tradiciones que complementan el escenario perfecto de una historia bien contada. Este es otro mérito por destacar en el trabajo que comentamos. Carpio Muñoz ha logrado complementar el rigor en el análisis y el dato histórico con la seductora picardía de un rico anecdotario lleno de evocaciones y recuerdos que salvan del olvido historias con mucho contenido social. Se puede decir que en esto sigue una antigua tradición que comenzó Ricardo Palma en el siglo XIX.
En su tiempo, «Texao» fue un éxito editorial. Su autor ganó prestigio, más que dinero, por su insuperable colección. Fue muy bien concebido el diseño de la edición y su venta por fascículos le aseguró un público cautivo, que hasta la fecha relee las sabrosas anécdotas que en ella se cuentan. A pesar del tiempo transcurrido la colección de Carpio Muñoz sigue siendo materia de consulta, por estudiosos y profanos, logrando convertirse en una obra imprescindible para conocer Arequipa, su historia y su gente.
Carpio Muñoz es el típico caballero arequipeño, que a su don de gentes une un magnífico sentido del humor. Su obra «Texao» trasluce mucho de su temperamento juguetón y picaresco. También pone de manifiesto ese espíritu de los arequipeños de amor al terruño, a la patria chica que nos vio nacer, a la cual profesamos tanto cariño, que a veces pecamos de vanidad.
Cuando Carpio Muñoz habla de Arequipa, no se puede dejar de sentir orgullo por lo nuestro. Allí están presentes la chichería, la picantería, el chacarero del campo y el hombre de la ciudad, la música popular, y muchos otros aspectos de la vida cultural de Arequipa de los siglos XIX y XX.
Como pocos estudiosos sociales de nuestro tiempo, Carpio Muñoz ha sabido encontrar el alma del pueblo arequipeño en sus manifestaciones populares, costumbres, tradiciones y personajes. De ahí que el legado de su obra sea ese fundamentalmente: haber contribuido a conocernos mejor a nosotros mismos y a definir la identidad de Arequipa.
Es cierto que, desde entonces, han ocurrido significativos cambios sociales, que hoy replantean la concepción tradicional de la identidad arequipeña. Sin embargo, a pesar del tiempo transcurrido, la obra de Carpio Muñoz permanecerá como un referente obligado para entender la idiosincrasia de nuestro pueblo.
Es imprescindible leerla para no perder de vista la huella dejada por nuestros ancestros. Solo entonces coincidiremos en afirmar que la grandeza de nuestro pueblo es fruto del esfuerzo mancomunado de estas y las pasadas generaciones de hombres y mujeres que habitaron este lugar desde tiempos inmemoriales. A esto me refiero cuando hablo de la trascendencia de la obra de Carpio Muñoz.
Se puede afirmar que Carpio Muñoz llenó un vacío que pocos estudiosos de su época se animaron a investigar, sobre todo desde la perspectiva que él lo hizo, esto es, ocupándose del pueblo arequipeño y sus diversas manifestaciones culturales, en una época en que todavía predominaban los estudios más formales. Y lo hizo con mucho mérito, a pesar del riesgo que fuera juzgada su obra «Texao» equivocadamente. Lo cual ha sido, por el contrario, en mi opinión, su mejor contribución histórica.
SUS PRINCIPALES APORTES
El interés de Juan Guillermo Carpio Muñoz por la historia regional lo llevó a plantearse interrogantes, sin encontrar respuestas en la historiografía local. Carpio Muñoz refiere que para entonces había muy pocas publicaciones sobre Arequipa. Fue entonces que comenzó a producir conocimiento histórico sobre tradiciones, costumbres y manifestaciones populares (música, lenguaje y peleas de toros), dándoles nivel académico. Así lo evidencian sus libros sobre el yaraví arequipeño: «Arequipa: música y pueblo»; «Arequipa, sus fiestas y comidas típicas»; el «Diccionario de arequipeñismos» y «Surco, pasión y gloria», referido a la pelea de toros y al chacarero arequipeño. Y su más reciente libro titulado «El Pendón Musical de Arequipa».
Su estudio sobre el lenguaje popular arequipeño constituye uno de sus aportes más serios. Fue el primero en sostener que el lenguaje popular no era solo patrimonio de los lonccos, sino más bien que forma parte del lenguaje oral y popular arequipeño.
Por otro lado, revaloriza al chacarero arequipeño, haciendo de él una figura identitaria de Arequipa. Al respecto, afirma que el chacarero fue un hombre libre, desde la época colonial. Su relación con el encomendero fue de arrendatario. Su única obligación con él fue el pago en especies del usufructo de la tierra.
Este personaje fue el loncco arequipeño que participó también activamente en la vida política local. El aporte de Carpio Muñoz fue revalorarlo, haciendo notar que el rol que cumplía dentro de la sociedad arequipeña no era marginal sino, más bien, fundamental en el engranaje de la actividad económica de Arequipa.
Otra de sus líneas de trabajo fue la comida tradicional y el lugar de su degustación: la picantería, que fue un espacio de socialización, compartido por los arequipeños del campo y la ciudad. Allí se conspiraba entre picantes y chicha.
Era el lugar preferido de los hombres del pueblo, pero también de los letrados y autoridades de la ciudad. Allí también estuvieron los músicos y los poetas que entre chupes y aderezos encontraban motivos de inspiración. Carpio Muñoz pone de relieve a la picantería con relación a la comida típica, que también forma parte de la tradición arequipeña.
Con motivo del centenario de la Cámara de Comercio e Industrias de Arequipa (1887-1987) se publicó un libro de su autoría bajo el título «Un siglo de esfuerzo». Un texto de historia institucional, que profundiza en el análisis del comercio regional y el devenir de su economía.
Otra versión de esa obra se publicó el año 2013, con apreciaciones que actualizan los últimos 20 años de vida económica nacional y sus implicancias en la historia regional.
En su libro «Surco, pasión y gloria», sobre la pelea de toros, convierte en protagonistas a los chacareros y criadores de ganado.
Su última publicación titula «El pendón musical de Arequipa». Una obra extraordinaria, cuyo valor esencial es rescatar del olvido el acervo musical de Arequipa, con el estudio de más de 600 canciones populares, entre huainos, pampeñas, chacareras y valses reunidos en un DVD.
Aunque Juan Guillermo es inagotable en su producción intelectual creo que esta última obra de la música popular arequipeña, es la consagración de su trayectoria como investigador y científico social.
EL EMBLEMÁTICO “TEXAO”
Aunque todas las obras de Carpio Muñoz son igualmente importantes, creo que el «Texao» reviste características especiales dentro de su producción histórica.
En la recolección de información, que le demandó más ocho años de trabajo fichando todas las ediciones de «La Bolsa», recibió la ayuda de su padre y de algunos de sus alumnos agustinos, dada la magnitud del proyecto. Carpio Muñoz tenía una concepción totalitaria de la historia y, en esa línea, intentó llenar un vacío en la producción historiográfica local. Su plan de trabajo comprendía una guía temática para seleccionar las noticias más resaltantes del diario “La Bolsa”, entre 1867 y 1910. Parte de su contenido incluía la historia política y social de Arequipa; anécdotas, cronología de Arequipa y micro – biografías, además de la cronología de Francisco Mostajo, bibliografías, índice y 100 fotografías de época, facsimilares y dibujos artísticos.
Sin embargo, en la preparación del libro no solo invirtió mucho tiempo en la investigación, sino que también exigió de su autor aprender a diseñar y diagramar un libro. Fue una experiencia fantástica.
El primer inconveniente con el que tropezó fue el volumen del libro. Tenía más de 1500 páginas. Pero él no tenía mucho capital para publicarlo en ese formato. En vista de las circunstancias, decidió hacerlo por fascículos. De esta manera, cada fascículo se financiaría con la venta del anterior. Pero no ocurrió. El “Texao” no se vendía como esperaba en los quioscos. Tuvo, entonces, que tomar una decisión crucial, ir a venderlo personalmente. Con ese propósito, visitó bancos, casas comerciales, hospitales y hasta la propia universidad donde trabajaba. La modalidad de venta era al contado o a plazo. Esta vez, el éxito fue rotundo. Logró asegurar la publicación de los próximos números. Fue así que conoció al doctor Jaime Rey de Castro, que era, por entonces, gerente de Cervesur. Lo hizo llamar para felicitarlo por la importancia de su trabajo. Es más: fue a su casa para conocer la manera cómo trabajaba.
En una segunda entrevista ofreció apoyarlo con publicidad de la empresa que dirigía. Desde entonces, nació entre ambos una estrecha amistad. A tal punto, que junto a otros amigos organizaron la segunda etapa de la “Pacpaquería”, que antes dirigiera el maestro Juan Manuel Polar Vargas, en su casa de la calle Santa Catalina.
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