Un libro para viajar por el pasado de Arequipa

Dos historiadores tuvieron la difícil tarea de compilar la historia de la ciudad en un texto de 300 páginas. La idea es que el libro sea accesible a todos aquellos dispuestos a conocer el pasado de la Ciudad Blanca. La obra ha tenido un inesperado éxito en las librerías donde se ofrece.
Por: Christiaan Lecarnaqué L.
Arequipa fue una potencia vitivinícola en la época de la colonia. Hoy la minería es el principal motor de desarrollo de la economía regional, pero por el siglo XVI lo fueron los vinos. Según el libro «Historia mínima de Arequipa», de Víctor Condori y Mario Meza, esta industria fue próspera por lo menos tres siglos. En la década de 1590 la producción se elevó a 200 mil botijas, equivalente a un millón y medio de pesos por año. Los vinos arequipeños se vendían en Arequipa, Cusco, Lima, Trujillo y se exportaban a Potosí, e incluso Panamá. Vítor fue uno de los principales abastecedores del licor, además de Siguas, Majes y Tambo. También hay registros que en 1550 se cultivaba vid en Socabaya y Tiabaya. En estos cálculos también se incluye la producción de Moquegua, que por esos años pertenecía al corregimiento de Arequipa.
La producción llegó a su mejor momento cuando produjo 643 mil botijas de vino en 1816. Este boom del vino se mantuvo hasta la década de 1830 cuando decayó y fue reemplazada por la lana de oveja.
La breve historia de la producción de vino en Arequipa conforma junto a otras el libro «Historia mínima de Arequipa» de 300 páginas. El texto abarca desde la llegada de los primeros pobladores a la región hasta la elección de Pedro Pablo Kuczynski como presidente del Perú, quien obtuvo la votación más alta en la Ciudad Blanca.
La obra toca en forma detallada, pero concisa, los principales acontecimientos que marcaron la historia regional. Víctor Condori, profesor de Historia de la Cultura en la Universidad Católica San Pablo (UCSP) recuerda que este proyecto se gestó hace tres años. Trabajó junto al también historiador Mario Meza, profesor de las universidades Mayor de San Marcos y San Ignacio de Loyola. Ambos revisaron bibliografía, actualizaron datos y dejaron en manos del editor académico Rolando Rojas Rojas este complicado trabajo de resumen y precisión, sin alterar la historia.
Este proyecto llega bajo el auspicio del Instituto de Estudios Peruanos (IEP), organización que tiene en la mira publicar más libros sobre la historia de otras regiones del país. “El objetivo era tratar de descentralizar la historia del Perú que desde hace siglos se ha concentrado en las actividades de la capital. Me refiero a la historia republicana. Eso ha llevado a crear un sesgo a lo que vendría ser la historia del Perú, porque en esta historia tradicional están ausentes los procesos regionales”, mencionó Condori.
Ambos historiadores se distribuyeron el trabajo. A Condori le tocó relatar la etapa desde la llegada de los primeros pobladores hasta la independencia y sus efectos en la región. Mientras que Meza tomó la posta y abarcó hasta la actualidad, tocando, además, el espinoso episodio de la guerra con Chile y la participación de los arequipeños. Si bien ambos tenían asignadas sus tareas, los historiadores revisaban y discutían algunos puntos.
La idea de trabajar con un historiador fuera de la región fue plasmar una investigación más equilibrada. “La política del IEP es que estos textos no sean hechos exclusivamente por historiadores regionales, porque hay temor que los textos se contaminen con cierto espíritu regionalista, chauvinista excesivo, lo cual podría ser en cierta medida entendible. Para evitar esa parcialización consideraron que la mitad lo haga un arequipeño y la otra por un historiador de afuera”, agrega Condori.
El éxito de «Historia mínima de Arequipa» ha sido inesperado, porque los textos tuvieron buena demanda en las librerías asignadas (SBS y San Francisco). Incluso Condori cuenta que en la presentación se llevó una cantidad de textos que se agotaron rápidamente. Tuvieron que traer más para entregarlos a los asistentes interesados.
LA INDUSTRIA DE LA PIEDRA
Así como encontramos el boom del vino en este texto, también conocemos que antes de la llegada de los incas, la región se convirtió en una principal abastecedora de piedra necesaria para las armas requeridas por los primeros pobladores para la caza.
Según este libro, los instrumentos líticos requerían de obsidiana. Este material se encontraba en los yacimientos de Chivay y Alca. La obsidiana de Alca viajó por varias regiones. Llegó al Cusco e incluso Chavín de Huántar. Este yacimiento se explotó hace más de 11 mil años.
Este capítulo nos lleva por la influencia de varias culturas en la región como Nazca, Tiahuanaco y Wari que incluso llegó hasta la ciudad de Arequipa. Sus vestigios se encontraron en Pampa Estrella en un área de 600 metros de largo por 300 metros de ancho. Luego se describe la llegada de los incas y la toma violenta de Cotahuasi en La Unión.
Si bien el trabajo es conciso, hay detalles y espacio para la interpretación. No es una mera cronología de sucesos históricos, sino que va acompañado de pequeños análisis que ayudan a entender el contexto en que se desarrollaron estos relatos. “No es un texto simplista, no es superficial, intenta abarcarlo de todo de manera puntual”, indica el historiador.
Pero el objetivo personal del historiador, Víctor Condori, es que se masifique la historia de Arequipa, para que sus pobladores empiecen a apreciarla mejor. “Cuando camino por el Centro, no es una casa, sino una historia, porque se hizo con principios, porque se vivieron ciertas situaciones. Cada fragmento de Arequipa tiene una historia y debe ser conocida por otros”.
Por esas calles de Arequipa se libró una de las sangrientas revoluciones de la historia republicana del Perú: la revolución de 1856 liderada por Manuel Vivanco contra el gobierno de Ramón Castilla. Según el texto “fue una guerra civil, la más larga y sangrienta que había tenido el Perú republicano hasta entonces”. La ciudad perdió y fue degradada a provincia por dos meses. Murieron entre tres mil y cinco mil personas. Este episodio inspiró a María Nieves y Bustamante a escribir el libro «Jorge o el hijo del pueblo».
«ME IDENTIFICO CON AREQUIPA»
Víctor Condori no es arequipeño. Nació en Ilo y llegó a la ciudad hace 30 años. Pero quiere más a la Ciudad Blanca que un nacido en la tierra del Misti. “Yo no soy arequipeño, nací en Ilo, vivo casi 30 años y he aprendido a querer mucho la ciudad, a respetarla. Me identifico con Arequipa”, sentencia.
Llegó a la ciudad hace 30 años a prestar servicio militar en el cuartel Bustamante. Regresó a Ilo y luego retornó a Arequipa donde estudió historia en la Universidad Nacional de San Agustín (UNSA). Enseñó en colegios, academias y ahora dicta Historia de la Cultura en la Universidad Católica San Pablo (UCSP). Considera que la historia hizo querer más a la ciudad. “Qué ha permitido esa identificación, el conocimiento de su historia. A partir de esa idea, una persona no es capaz de identificarse ni querer algo que no conoce. Si sales un fin de semana, las escenas que se observan son vergonzosas, ensucian, orinan destruyen parte del patrimonio, lo atribuyo a ese desconocimiento del valor que se tiene de cada uno de esos espacios”, comenta.
Parece que la mayoría cree ser arequipeño solo es un agosto y olvida la ciudad el resto del año. “Ser arequipeño no es un título o un membrete, que es suficiente haber nacido aquí. Como diría (Ricardo) Arjona: ‘Jesús es verbo y no sustantivo”. Ser arequipeño es verbo, no sustantivo, es una acción. No es un título”.
Condori confía que el libro ayude a fortalecer la identidad regional y motivar a más arequipeños a querer su ciudad.
La Ciudad Blanca
Hay un espacio titulado “El mito de la Ciudad Blanca”. Estos párrafos explican este título. Se entiende que el bautizo proviene por la cantidad de población blanca en Arequipa. Un censo revela que por lo menos el 71 por ciento se consideraba blanca en el siglo XIX. Sin embargo algunos testimonios refutarían este porcentaje. Heinrich Witt, alemán que visitó Arequipa, dijo: “Se me dijo que la población de Arequipa llegaba alrededor de 30 mil almas, dentro de la cual la proporción de gente realmente blanca es muy pequeña”. Flora Tristán apoya esta idea: “(…) se puede considerar que se compone poco más o menos de una cuarta parte de blancos”.
La hipótesis es que durante los censos algunas familias se identificaban con la raza blanca y no había nadie que les dijera lo contrario. Nicolás Sánchez-Albornoz así lo define: “Arequipa se blanqueó, sobre todo mentalmente, al desistir de mantener a los forasteros aparte”. Según el texto este proceso de “blanqueamiento mental” no solo se dio en la ciudad, sino también en otras de Hispanoamérica, pero jamás a los porcentajes identificados en Arequipa.
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