Una centinela al volante
4 de junio de 2017

Dice un polémico refrán, “mujeres al volante, peligro constante», una afirmación fuera de la realidad, dice Lidia, quien a sus 48 años de edad es una conductora profesional con un record limpio de papeletas y cero accidentes de tránsito.
Por: Mariela Zuni M.
Cuando el sol se oculta ella sale a recorrer las calles, va sobre ruedas y frente al timón de su automóvil. No teme a la oscuridad de la noche y considera que es la mejor parte del día para ganarse unos centavos.
La labor de esta mujer taxista no se limita a realizar unas carreras, desde que se inició en este oficio su principal preocupación es que sus clientes lleguen sanos y salvos a sus destinos, al igual que sus compañeros del volante.
En los últimos años el oficio de taxista ya no es exclusivo de ellos, aunque el número de conductoras sigue siendo reducido. Incluso es poco usual que al estirar el brazo para solicitar un servicio veamos a una mujer detrás del timón, una de ellas es Lidia Ito Espinoza, la centinela al volante.
Fiel al reglamento interno de la empresa a la que está afiliada viste camisa celeste, pantalón de tela y chaleco negros. De lunes a sábado su jornada laboral se inicia a las 6 de la tarde en el ocaso del día.
Cuando los tenues rayos solares se empapan de penumbras, gira la llave de contacto y pisa el acelerador. Después de reportar a su central que “está en servicio”, la operadora Cielito le da la bienvenida deseándole una buena jornada.
Traza la ruta en el Google Maps con la dirección de su primera carrera; una usuaria frecuente que solicita casi a diario sus servicios, pues como muchos de sus compañeros varones Lidia cuenta con una nutrida cartera de clientes fijos.
Siempre aspiró trabajar siguiendo el ejemplo de su padre que es transportistas. Como la única hija mujer de cuatro hermanos varones no podía quedarse atrás y obtuvo su permiso de conducir muy joven.
Por la necesidad de mantener a su hijo y sin apoyo del progenitor, se inició como taxista hace 9 años. Su primer vehículo fue un Station Wagon que compró con un préstamo bancario. El año 2015 juntó sus ahorros y adquirió su Toyota plateado, fiel compañero que la acompaña en sus jornadas nocturnas.
Al principio fue difícil, hacía carreras en las mañanas y le tomó aproximadamente seis meses conocer las calles y rutas. “No lo hubiera hecho sin el apoyo de mis compañeros”, explica. Necesitó cuatro años para ganar experiencia y literalmente le dio un giro a su estilo de vida. Trabaja de 6 de la tarde a 6 de la mañana. Duerme aproximadamente cuatro horas y cuando sus párpados se vuelven pesados se estaciona en un grifo o zona segura para darse una “pestañeada”.
SEGURIDAD CONSTANTE
Dice un polémico refrán, “mujeres al volante, peligro constante», que da a ellas la terrible fama de ser malas conductoras, una afirmación fuera de la realidad, dice Lidia, quien a sus 48 años de edad es una conductora profesional con un record limpio de papeletas y cero accidentes de tránsito.
Por sus cualidades al volante Lidia fue nombrada supervisora. Su tarea es estar pendiente y velar por la integridad de sus compañeros, aunque es incorruptible al momento de reportar cuando ellos cometen alguna falta. Una mujer de armas tomar y no en vano la apodan cariñosamente “Abencia Meza” o “La Pistolita”, según refieren no solo por su parecido con la cantante, también por su carácter fuerte y decidido.
Como ella hay unas 15 mujeres que trabajan en su empresa, pero de forma eventual y de día. Afirma que las conductoras dan más confianza a los usuarios ante la ola de asaltos y robos sobre ruedas, y más en las noches cuando debe trasladar a señoritas.
La mayoría de sus servicios fijos son a mujeres, también goza de la confianza de las madres que piden el traslado de sus hijos. La regla es esperar a que el cliente ingrese a su domicilio, nunca se retira antes. “Las llevo como si fueran mis hijas”, expresó.
Ha logrado esquivar el ataque de la delincuencia concertando servicios de taxi únicamente con pasajeros identificados que llaman a la empresa o utilizan el aplicativo satelital. Su política es no recoger clientes en estado de ebriedad o de zonas de dudosa reputación.
El oficio también le ha servido para estar en contacto con la tecnología y las redes sociales, canales de comunicación que utiliza con clientes y compañeros supervisores, lo cual es otro medio seguro para laborar.
MOTOR Y MOTIVO
La inagotable vida de esta mujer que ha roto los prejuicios de una sociedad machista está impulsada por su único hijo. Edson de 23 años, estudiante de ingeniería mecánica electrónica en una universidad privada.
“Es mi gran motivación para seguir trabajando. Taxista no quiero que sea, tiene que aspirar a algo mejor”, exterioriza Lidia inflando el pecho de orgullo cuando habla del futuro ingeniero.
Al igual que su padre y hermanos, Lidia aspira a las ligas mayores, piensa en unos años dejar los servicios de taxi en la ciudad, para recorrer las carreteras al interior y fuera de la región.
CONSULTORIO SOBRE RUEDAS
En su retrovisor Lidia hace contacto visual con su pasajero, un varón desesperado que pide consejo para lidiar con los celos de su pareja que lo acusa de infiel. Al mismo estilo de la doctora corazón, ella lo escucha y aconseja desde el punto de vista femenino.
Las historias son miles, con protagonistas infieles o inocentes, con el corazón roto o atormentados por las deudas, el trabajo o la familia. Personajes de traje femenino y voz varonil o viceversa.
También le ha tocado lidiar con los comentarios machistas de varones, pero nada la amilana y continuará recorriendo las calles iluminadas de la tenue luz amarilla, esquivando los peligros de la ciudad con su convicción de hacer las cosas bien y honestamente.
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