Del vinotinto al rojiblanco

Tras días de agotadoras caminatas, dejando atrás casa, amigos y juegos, los niños venezolanos también viven un drama paralelo al de sus progenitores al cruzar las fronteras de su país, escapando de una crisis que aprendieron a entender a la fuerza.
Por: Mariela Zuni Mollosihue
Algunos partieron tomados de las manos de sus padres y otros en los vientres de sus madres, viendo la luz en tierras peruanas. Hoy intentan adaptarse a su nuevo entorno y la realidad de sus progenitores que deben trabajar largas jornadas para cubrir sus necesidades.
En 2018 Perú acogió a más de 495 mil personas de dicha nacionalidad, de ellas 10 mil 500 gestionaron el Permiso Temporal de Permanencia (PTP) en Migraciones – Arequipa, antes de la fecha límite del 31 de diciembre.
Según la Organización Internacional para las Migraciones (OIM), el 55,7% de migrantes venezolanos que llegaron al Perú tienen por lo menos un hijo.
La OIM señala que el 52% de los menores son niños y adolescentes hombres y el 48% niñas y adolescentes mujeres. El 41% cursó algún grado de la educación primaria, el 29% estudió secundaria y 21% tuvo educación inicial.
En tanto, se estima que el 47% de los niños y niñas de esta nacionalidad tiene menos de 5 años, el 25% oscila entre 6 y 11 años, mientras el 28% lo constituyen adolescentes de 12 a 17 años, informó el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef).
ADAPTACIÓN
Según el reporte de flujo del Centro Binacional de Atención Fronteriza (CEBAF) de Tumbes, respecto a las consecuencias de alejarse de su lugar de origen, precisa que el 62% de niños y niñas mostraron cambios emocionales fuertes como miedo, el temor por perderse, cambios en el apetito, dolores de cabeza y llanto.
La educadora venezolana Andrea Gabriela Maleno explica que los menores migrantes al principio son temerosos y progresivamente se van adaptando a sus nuevos amigos. Ella trabaja junto a su esposo arequipeño Erick Mitchell Cabana Medina en la guardería Súper Nanny, que ambos crearon y que actualmente atiende únicamente a niños venezolanos.
Desde que llegó a Arequipa, Andrea confiesa que siempre siente frío, y extraña el clima cálido de su tierra. Lo mismo experimentan sus niños de dejo caribeño que aunque extrañan el sol radiante y clima fresco de sus ciudades costeras, se van aclimatando poco a poco a la lluvia veraniega de la Ciudad Blanca.
Andrea junto a su esposo llegaron hace unos meses a esta región, dejando atrás su vida hecha en Venezuela. Tienen dos hijos pequeños y la inclusión de los niños en el sistema educativo peruano fue un tanto complicada.
“La discriminación se dio al principio. Faltando meses para terminar el año escolar no fue fácil insertarlos en un colegio público. Tras unos rechazos injustificados, lograron ingresar a un colegio estatal, donde la acogida fue buena”, comenta Erick.
Habiendo experimentado en carne propia la discriminación hacia sus hijos, y conociendo la necesidad de sus compatriotas, decidieron abrir la guardería, que opera desde hace unos 4 meses.
El local ubicado en la Urb. Francisco Mostajo del Cercado de Arequipa funciona de lunes a sábado de 7 de la mañana a 7 de la noche. Una jornada de 12 horas, que se ajusta a la necesidad de los padres que trabajan de «sol a sol».
En la cuna hay niños de cero a 5 años. Tienen almuerzo y dos meriendas aseguradas durante el día. Se cuenta con el apoyo de profesionales de la salud y pediatras para los controles y descarte de enfermedades.
Además una especialista realiza las terapias del lenguaje individual a los menores. Se han interesado también en brindarles un servicio psicológico, teniendo en cuenta que este cambio brusco de su entorno y el viaje por carretera durante días definitivamente los afecta.
Muchos de estos servicios son entregados en colaboración con profesionales venezolanos, que también tuvieron la necesidad de migrar, y que quieren apoyan a los niños en sus tiempos libres.
Erick cuenta que algunos pequeños llegaron a la guardería muy delgados y poco a poco han logrado recuperar su peso adecuado. Ellos son el vivo retrato de la crisis en su país, por quienes han decidido continuar con su emprendimiento. Cuidan a los niños a bajos costos y en cómodas cuotas.
ROJO Y BLANCO
Adenai y Simón son dos niños cuyas vidas se juntaron en un patio de juegos. Junto a ellos otra decena de menores recobraron su niñez interrumpida en un intervalo de 9 días que duró cruzar dos países para ingresar al Perú por Tumbes, y otras muchas horas en bus hasta pisar tierras mistianas.
Simón, bautizado como el libertador venezolano, dejó la vino tinto para vestir la camiseta rojo y blanco de la selección peruana. Con el número 9 del capitán Paolo Guerrero muestra sus dotes con la pelota. Es un niño alegre que se ha adecuado con facilidad al entorno de la guardería.
Por su parte, Adenai dice con orgullo que tiene cuatro años y que pronto cumplirá cinco. Ella sueña en ser como Pocahontas, la hermosa princesa de cabellos negros y carácter luchador. Incluso dice que de grande quiere tener el mismo tatuaje en el brazo.
Ambos colorean en simultáneo la bandera venezolana y la peruana, identificando también la similitudes de los escudos de los dos países hermanos, como la cornucopia y el árbol nacional, que en el caso de Perú es la Quina y por Venezuela el Arahuaney, de color amarillo.
Así estos niños aprenden a querer su nueva casa, sin olvidar de donde provienen. Los más pequeños nacidos en Perú tendrán la doble nacionalidad y así también orgullosos podrán exclamar ¡viva el Perú!
Andrea manifiesta que es necesario inculcar en los menores conocimientos sobre el país que los ha acogido en este momento de crisis. La finalidad es que al ingresar a la escuela pública puedan adaptarse con mayor facilidad. Porque además se ama lo que se conoce, claro está, sin dejar de lado sus raíces.
Conservan la esperanza de que este proceso migratorio sea temporal, y que en poco tiempo su país recupere estabilidad para que puedan iniciar el retorno. Mientras tanto participan con el colectivo «Los buenos somos más», que se han unido a la limpieza del río Chili como expresión de agradecimiento a la ciudad.
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