Columna

Crear valor o destruir futuro: La decisión de los peruanos en las próximas elecciones

5 de mayo de 2026
EL AUTOR.

Por: Luis Chaves Bellido, director del Instituto de Economía de Arequipa – IPE Arequipa.

En estas elecciones, los peruanos no solo vamos a elegir a un presidente o a un partido. Vamos a elegir qué camino queremos para el país, para nuestras familias y para las futuras generaciones. Muchas veces nos quieren hacer creer que la discusión es simplemente entre izquierda y derecha, entre ricos y pobres, o entre Estado y empresa privada. Pero la verdadera pregunta es más profunda: ¿queremos un Perú que cree valor y oportunidades, o un Perú que destruya lo poco o mucho que hemos construido?

El Perú necesita Estado, pero también necesita mercado. Necesita autoridades que pongan orden, cobren impuestos, construyan carreteras, mejoren colegios, hospitales y seguridad. Pero también necesita empresas, agricultores, comerciantes, mineros formales, emprendedores, trabajadores y profesionales que produzcan, inviertan, innoven y generen empleo. El desarrollo no nace solo de los discursos. Nace del trabajo, de la confianza, de la inversión, de la educación, de la honestidad y del respeto a la ley.

or eso debemos tener mucho cuidado con las promesas fáciles. Hay políticos que ofrecen repartir riqueza, pero no explican cómo la van a crear. Prometen más beneficios, más bonos, más control del Estado y más intervención, pero no dicen de dónde saldrá el dinero. Si se espanta la inversión, se destruye la empresa formal o se debilita la confianza. Un país puede y debe distribuir mejor, pero primero tiene que producir. No se puede repartir lo que no existe.

América Latina nos muestra ejemplos que el Perú no debe repetir. Venezuela tenía una de las mayores riquezas petroleras del mundo. Sin embargo, cuando el poder político empezó a controlar la economía, debilitar las instituciones y manejar las empresas públicas con criterios políticos, el país se empobreció. Millones de venezolanos tuvieron que dejar su tierra buscando trabajo, comida y futuro. Venezuela nos enseña que tener recursos naturales no basta si se destruye la gestión, la inversión y la libertad.

Cuba es otro ejemplo de lo que no queremos ser. Durante décadas, el Estado ha controlado gran parte de la economía y también la vida política. Las personas tienen pocas posibilidades de emprender libremente, elegir otro camino o cambiar a quienes gobiernan. Cuando el Estado decide casi todo, la iniciativa de la gente se apaga, la economía se debilita y la libertad se reduce. El Perú no puede caminar hacia un modelo donde el ciudadano dependa cada vez más del gobierno y tenga cada vez menos capacidad de decidir su propio futuro.

La mejor alternativa para el Perú no es un Estado ausente ni un Estado dueño de todo. Es un Estado honesto, fuerte y eficiente, junto con una economía que permita trabajar, invertir, emprender y crear empleo. Necesitamos empresa privada responsable, minería formal, agricultura moderna, turismo, comercio, industria, tecnología y pequeños negocios que puedan crecer. Pero también necesitamos un Estado que regule bien, castigue la corrupción, controle abusos y lleve servicios básicos a todos los peruanos.

El Perú debe crear valor, distribuirlo con justicia y evitar que la corrupción, la incapacidad o el autoritarismo lo destruyan. Esa es la verdadera decisión. No se trata solo de izquierda o derecha. Se trata de elegir entre un país que trabaja y progresa, o de un país que se deja llevar por promesas que ya fracasaron en otros lugares.

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