Crecemos, pero no nos desarrollamos

Por: Edith Choque Sandoval, gerente general de Pro Avance.
La última semana, el Instituto Peruano de Economía presentó en Arequipa una conferencia con un título que parece sencillo: Los 10 números de la economía peruana. Los expositores fueron Roberto Chang y María Cecilia Villegas. Lo que presentaron no fue optimismo ni catastrofismo. Fue algo más difícil de procesar: un diagnóstico honesto sobre por qué un país puede crecer durante décadas y seguir sin desarrollarse.
El argumento central es incómodo, aunque necesario: Perú tiene un récord macroeconómico envidiable en la región, y eso no se ha traducido en bienestar real para la mayoría de sus ciudadanos. Esa brecha es el resultado de decisiones (y omisiones) acumuladas durante años.
Los números son contundentes. La pobreza monetaria nacional llegó a 25.7 % en 2025, muy por encima del 20.2 % registrado en 2019, antes de la pandemia, según datos presentados por el IPE. Eso significa que el crecimiento económico de los últimos años no solo no redujo la pobreza: la dejó peor de lo que estaba hace seis años. Y Arequipa no es la excepción: como mostró APOYO Consultoría semanas atrás en la Cámara de Comercio e Industria de Arequipa, la pobreza en la región pasó de 6 % a 12.8 % en el mismo período.
Hay un dato que me parece especialmente revelador, y que tiene que ver con nosotros directamente. Según el TomTom Traffic Index 2025, Arequipa es una de las ciudades con el peor tráfico del mundo: sus habitantes pierden 155 horas al año atrapados en el tráfico en hora punta. Lima ocupa el segundo lugar con 149 horas. Ello representa un indicador del costo real que paga la ciudadanía por la falta de infraestructura, planificación urbana y servicios públicos funcionales.
¿Cómo se explica esa contradicción? El IPE apunta a algo que los economistas llaman el costo de posponer el Estado. La disciplina fiscal que permitió estabilidad macroeconómica se logró, en parte, postergando la inversión en salud, educación e infraestructura. El gasto per cápita en salud en Perú es de 712 dólares anuales en paridad de poder adquisitivo, según datos presentados en la conferencia, frente a 2 mil 297 en Chile y 1 mil 293 en Colombia. Y el 45 % de los proyectos de inversión pública se abandonan antes de concluirse, según el Banco Mundial 2025. Más que una escasez de recursos existe un Estado que no ejecuta lo que planifica.
La conferencia también mencionó algo que merece atención: el 95 % de los peruanos tiene smartphone en 2025. Eso representa una oportunidad real para extender servicios públicos, educación, salud y bancarización a poblaciones que hoy están excluidas. La tecnología no resuelve sola los problemas estructurales, pero puede acelerar soluciones si hay voluntad de usarla bien.
Lo que me quedo pensando después de escuchar este análisis es la distancia entre el diagnóstico y la acción. Las empresas del sur del país operamos en ese mismo entorno: con infraestructura insuficiente, con colaboradores que vienen de un sistema educativo que el propio IPE califica como vergonzoso, con una informalidad que distorsiona la competencia. Ignorar ese contexto no lo hace desaparecer. Entenderlo es el primer paso para tomar mejores decisiones dentro de él.
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