Columna

La ciencia política latinoamericana y su intento de comprender los fenómenos actuales

1 de junio de 2026

Los desafios que nos presentan las sociedades en América Latina. 

Por: Pablo Bulcourf, politólogo, profesor de la UNQ y la UBA.

Durante el siglo XX la ciencia política en América Latina trabajó por su autonomía como disciplina, tratándose de separar del derecho y también de demarcar sus límites con las otras ciencias sociales. La creación de carreras de grado a comienzos de los años cincuenta fue un elemento fundamental, lo mismo lo mismo que la construcción de los entes regionales como la Asociación Latinoamericana de Ciencia Política (ALACIP) Poco a poco se fueron consolidando centros de investigaciones y apareciendo libros y revistas científicas reconocidas.

A comienzos de los años ochenta del siglo pasado los procesos de democratización fueron centrales para consolidar también una disciplina que los pretendía analizar en clave comparada, predominando los enfoques neoistitucionalistas. Una década después las reformas de carácter neoliberal dieron lugar a centrar el análisis en el Estado y la necesidad de reducirlo y modernizarlo. Los cambios estructurales surgidos ya en el siglo XXI comenzaron a presentar nuevos desafíos en donde los mecanismos tradicionales de explicación y comprensión no parecen adecuados para dar cuenta de nuevos fenómenos cada vez más complejos.

Los cambios en la construcción de subjetividad

En las últimas décadas hemos visto el estallido de la subjetividad a partir de fuertes procesos de individuación en donde las personas ya no son vistas como algo objetivo dentro de la estructura social, sino que es su autodefinición lo que determina su realidad. El ejemplo más contundente es la auto percepción de género. De esto forma se produce una amplia fragmentación de las identidades y se plantea la dificultad de integrar intereses habilitando una amplia crisis de representación, principalmente se expresa en los partidos políticos y en las asociaciones gremiales.

El impacto de las tecnologías de la comunicación

El desarrollo tecnológico es un factor central que se presenta en toda la historia de la humanidad. El dominio del fuego, el arado, la escritura, el cañón, la imprenta y todos los desarrollos de impacto mundial. En las últimas décadas las tecnologías de la información han revolucionado la construcción de la comunicación y la propia concepción de la realidad. Redes como INTERNET, la comunicación con celulares y la aparición de los espacios virtuales han creado un nuevo mundo. Esto se ha acelerado con la pandemia del COVID19 y la aparición de la Inteligencia Artificial.

Esto ha cambiado la forma de gestionar el espacio público, los trámites burocráticos y las formas de sociabilidad política. Las campañas se realizan en plataformas especiales y hay circuitos de comunicación que se retroalimentan algorítmicamente. De esta forma la posibilidad de difundir noticias falsas se incrementa exponencialmente, impactando en las campañas electorales y en la gestión de gobierno.

La fatiga democrática y la aparición de las nuevas extremas derechas

En los últimos años las diferentes experiencias de progresismo populista vieron disminuir enormemente su capacidad de resolver los problemas de las personas, tanto en un nivel de la economía cotidiana con fuerte procesos inflacionarios, la falta de vivienda, la inseguridad y una desigualdad estructural que no ha logrado disminuir sustantivamente.

La respuesta a esto fue la aparición de expresiones políticas de extrema derecha con discursos fuertemente agresivos y crueles, y el manejo de la comunicación en forma extremadamente manipuladora. Estos grupos políticos plantean una agenda anti-derechos y tratan de revertir parte de las políticas adaptadas por los gobiernos progresistas. Se focalizan en temas como la seguridad pública y una visión anti-Estado. En algunos casos han llegado al gobierno como Jair Bolsonaro en Brasil, Nayid Bukele en el Salvador y Javier Milei en la Argentina.

¿Cómo abordar estos fenómenos?

La ciencia política debe elaborar nuevas teorías y articular estrategias analíticas que den cuenta de la complejidad de estos fenómenos. En este sentido el trabajo interdisciplinario con la sociología, la economía y la antropológica se vuelven fundamentales. El diálogo entre expertos e instituciones y la construcción de redes de conocimiento más sólidas deben apuntar a incrementar los estudios comparados que den cuenta de los cambios tanto en las estructurales como en los actores. El desafío es muy grande, pero debe movernos el compromiso con la democracia y una sociedad más justa y equitativa.

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