
Editorial: El testigo vivo para Arequipa
Su antigüedad data de entre 150 años como máximo y 100 como mínimo y ha sido testigo de todo lo que pasó en el Centro Histórico de Arequipa durante toda la República, primero en una casa particular y después convertido en el árbol más alto y más peligroso del pequeño patio del Colegio de Arquitectos.
La palmera que acabó en tres días, era más alta que la Catedral, pues tenía 30 metros de altura y si había convertido en un peligro público, pues su pesada estructura podía caer en cualquier momento, según lo advirtieron los centros de riesgo de la Municipalidad Provincial.
Los arquitectos la defendieron por años y los expertos dijeron que una palmera como a la que ahora nos referimos, no era un riesgo inminente, pero lo inevitable ocurrió el fin de semana.
Será sustituida por otras plantas, que necesariamente serán árboles para compensar en algo el contaminado medio ambiente arequipeño, ahora es historia y motivo de algún cuento que buen escritor arequipeño escribirá mañana.
La palmera no es una planta propia de Arequipa, pero es verdad que estuvo en casi todas las casonas, como árbol principal, quizá con la sola excepción del moral de la casa de los Williams, o del gigantesco pino de la Universidad San Agustín.
Era el lugar refugio de aves que buscan los lugares más altos para hacer sus nidos y procurar sus crías y de seguro, si le hubiera sido posible hablar, contaría muchas historias de la ciudad que la vio crecer y que sintió verla morir.
La tala de la palmera del Colegio de Arquitectos es una pena y un motivo de nostalgia para los arequipeños, era el árbol más grande de la ciudad y también el más antiguo, y si pudiera haber hablado contaría muchas historias de la República, y quizá hasta de la Colonia.
Leer comentarios