Columna

Seguridad y ética en las alternativas tecnológicas

19 de abril de 2020
Repartirán tablets para garantizar educación de escolares.

Por: Carlos J. Ylla Quenaya

«Las crisis, cuando ocurren, tienen al menos la ventaja de que nos obligan a pensar.» Jawaharial Nehru

La cuarentena ha tenido consecuencias distintas en el mundo. El uso de aparatos tecnológicos, como teléfonos inteligentes y computadoras, está jugando un papel fundamental en las nuevas dinámicas desarrolladas en el confinamiento. El teletrabajo, la educación digital, el entretenimiento y la comunicación han sido posibles gracias a la infraestructura tecnológica existente en diversos hogares. Algunos datos obtenidos por la empresa Smartme Analytics revelan que durante la primera semana de confinamiento se ha incrementado el tiempo de uso de celulares y computadoras, es decir, la población se comunica, entretiene y a la vez consume más información proveniente de estos medios.

Sin embargo, es percibida la poca reflexión sobre su correcto uso y su repercusión en el cambio que está atravesando nuestra sociedad. Por ello, decidí analizar dos sucesos mundiales: la inseguridad de los programas de videoconferencia y la posibilidad de implementar un sistema de rastreo de contactos para combatir la propagación del virus.

Los programas de videoconferencia han visto un incremento significativo de usuarios. Zoom es uno de ellos y quizá el más conocido, hasta antes de la pandemia contaba con 10 millones de usuarios por día, hoy ha sobrepasado los 200 millones y como consecuencia sus ganancias se han duplicado. Pero ¿qué tan seguros estamos en estos espacios virtuales? Últimamente, la empresa ha sido cuestionada por filtrar información de su base de datos a redes como LinkedIn y Facebook; algo bastante peligroso, no solo por la violación de la privacidad sino porque esto puede permitir que algunos ciberdelincuentes obtengan información confidencial para luego ser utilizada en perjuicio nuestro. Otro cuestionamiento, es la facilidad con la que hackers pueden intervenir la cámara y micrófono en una videoconferencia. Todo ello ha generado que diversas empresas e instituciones, como Google y la NASA, prescindan de su uso. Frente a esto, el dueño de Zoom se ha comprometido a mejorar sus protocolos de seguridad. Algunos expertos señalan que ninguno de los programas de videoconferencia es totalmente seguro, lo que debería llevarnos a pensar en qué información brindamos en estos espacios y qué precauciones tomamos a la hora de utilizarlos. La lectura de los términos y condiciones de servicio, utilizar contraseñas seguras y no ofrecer información personal ni datos bancarios podrían ser algunas de las recomendaciones.

Por otro lado, la pandemia también ha generado que los gobiernos utilicen herramientas tecnológicas para fortalecer el trabajo de los sistemas sanitarios. En China, Corea del Sur y Singapur, el uso de aplicaciones para el seguimiento de pacientes infectados ha tenido resultados distintos. En los dos primeros países ha sido efectivo, mientras que en Singapur fracasó, debido a que solo el 20% de la población descargó el aplicativo. En Europa, el tema ha sido discutido en las últimas semanas. Carmela Troncoso, una ingeniera española de la Escuela Politécnica Federal de Lausana, ha creado el Protocolo DP 3T, una aplicación que tiene como objetivo rastrear nuestros contactos, es decir, mediante bluetooth, el celular envía y recibe códigos cada vez que nos acercamos a una persona.

Esto ayudaría a prevenir el contagio, ya que cuando un paciente dé positivo a COVID-19 automáticamente se enviará una alerta a las personas que estuvieron en contacto con él, impidiendo así la propagación. Apple y Google, en una alianza inesperada, se han puesto a disposición para que el Protocolo DP 3T sea instalado al actualizar el sistema operativo de cada teléfono y no ocurra lo mismo que en Singapur. Esta alternativa es parte de un proyecto europeo que espera aplicarse poscuarentena para retomar gradualmente las actividades de cada país y así como otras medidas, el aplicativo busca sumarse a los intentos de mitigar los efectos de la pandemia. Por ello, al igual que en el caso de las videoconferencias, es importante reflexionar sobre las consecuencias indirectas de su uso.

Para empezar, nada garantiza que estas aplicaciones al enviar códigos, no solo envíen información útil para el sistema sanitario, sino que también, sea recabada información personal; la cual puede ser utilizada por los gobiernos e incluso por las empresas, provocando así una vigilancia masiva, como también constantes ataques publicitarios direccionados al incremento del consumo por parte de la población. Hay que añadir que podrían suscitarse casos de discriminación, como ha venido pasando en China, ya que al tener conocimiento de quienes están infectados y quienes tuvieron contacto con personas infectadas se produciría una marginación colectiva.

Claro está que este debate aún no ha llegado a nuestro país; según algunos estudios, tan solo el 80% de los peruanos y peruanas cuentan con un teléfono inteligente, por lo tanto, la implementación de estas alternativas es complicada y como en todo el mundo se corre el riesgo de caer en lo que el investigador bielorruso Evgeny Morozov llama solucionismo tecnológico, es decir, la tecnología como solución inmediata de problemas complejos sin el previo análisis de los mismos, lo que resulta conveniente para cubrir la falta de planificación con la que actúan algunos gobiernos y la precariedad en la que han sumido al sector salud.  

Hemos podido observar que los cambios en nuestras dinámicas sociales implican también una reflexión sobre nuestra seguridad y la ética en la tecnología, debate ausente en nuestro entorno más cercano. Todos estamos de acuerdo en que necesitamos medidas para reducir el impacto de esta pandemia y sobretodo protegernos, no obstante, debemos entender que estas medidas extraordinarias son parte de un periodo de emergencia y cuando este termine, estas también deben cesar. Corremos el riesgo de que, debido al pánico y la necesidad de sentirnos protegidos, las medidas que violan nuestras libertades (restricción al libre tránsito, a la reunión, suspensión del derecho a la privacidad e intimidad) se queden perennemente y lo que es peor: tengan nuestra aceptación.

No somos ajenos a los cambios que experimentamos como sociedad; involucrarnos, reflexionar y pensar en las ventajas y desventajas de las medidas que se asuman nos permitirá salir de la posición de espectadores y empezar a tomar el rol de un sujeto activo en este proceso.

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