Columna

Docentes estresados

21 de abril de 2020

Por Efraín R. Astete Choque

A los profesores se les viene exigiendo que implementen la educación a distancia. El Ministerio de Educación está apurado. Obliga a adaptarse rápidamente a las nuevas circunstancias. 

La educación online requiere, asimismo, de parte de los profesores, estar equipados con una computadora convencional o laptop, celular con internet, impresora y otros equipos adicionales. Si por ahí a algún maestro se le malogra alguno de estos aparatos en un gran lío se mete, perderá contacto con sus colegas y alumnos. 

No son pocos los docentes que están estresados. Elaboran fichas, registros de doscientos a trescientos alumnos con teléfonos, direcciones virtuales, para enviar lo que hay que hacer y luego recibirlo resuelto. Los padres de familia, los alumnos, a veces desorientados, los llaman para la aclaración de dudas, en cualquier momento del día, convirtiendo en agotadoras las jornadas.

Las autoridades del ramo les solicitan mayor celeridad, eficiencia. No se tiene en cuenta que el país y el mundo viven en tensión por los efectos de una  plaga letal que ha confinado a todos en reductos.

Por otro lado comprueban los maestros que la mayoría de los núcleos familiares no cuentan con una computadora en casa, ni lo necesario para llevar una educación  online, solo un celular con minutos limitados de facebook y wasap, y buenas intenciones. 

Así está la educación del COVID-19, de la pandemia, la educación en tiempos de emergencia sanitaria.

MI BIBLIOTECA

Por el vicio noble de la lectura adquiero libros, revistas y periódicos, en ediciones de ayer y de hoy. Año a año los he ido ubicando en estantes y muebles donde puedan estar a la vista.

Los libros y demás poco a poco fueron rompiendo los espacios de la casa donde vivo. Me vi obligado a trasladarlos a otros lugares, a la casa de mi madre y a la de mi suegro.

En casa quedaron cerca de seis mil libros, en la de mi suegro ubiqué alrededor de cuatro mil y en la de mi madre trescientos. Las revistas y periódicos, unos dos mil ejemplares, corrieron similar suerte.

Clasifico los libros de manera empírica, por secciones: literatura, arte, filosofía, educación, política, economía y agro, periodismo, ecología, deporte, medicina y salud.

Dentro de la ampulosa biblioteca hay rincones que alojan solo obras de Arequipa y Mollendo. Asimismo reservo sitios especiales para los escritores de mi preferencia: Cortázar, Benedetti, García Márquez, Maiakovski, Pavese, Cervantes, Amicis, Tolstoi, Balzac, Wilde, Maupassant, Hemingway.   Y, por supuesto, para los peruanos Vallejo, Arguedas, Valdelomar, Ribeyro y Alberto Hidalgo.

Hay momentos en que decido dejar atrás la compulsión de comprar libros, revistas y periódicos. Soporto un mes, mes y días, salgo de mi madriguera en busca de novedades culturales impresas.

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