Columna

El lavado de manos en los medios de comunicación

6 de julio de 2020
Foto: AP

Por: Carlos J. Ylla Quenaya

Hace algunos días, se pudo observar en algunos programas de televisión, como se perseguía y exponía a todos aquellos que asistieron masivamente a la reapertura de los centros comerciales. Esta escena se ha vuelto común, desde el inicio de la cuarentena, el periodismo oficial de nuestro país ha asumido el rol de condenar públicamente a todos los que han infringido el estado de emergencia, así tengan motivos o no. Lógicamente, sus críticas han ido variando, pues eran insostenibles. Ese afán moralista de algunos medios me genera repulsión. En los siguientes párrafos explico las razones.

Las primeras semanas luego de haber iniciado la cuarentena, las cámaras apuntaron hacia toda aquella persona que salía a trabajar, específicamente, quienes realizan comercio ambulatorio. Como es sabido, “quédate en casa” es una frase utilizada con frecuencia, sin embargo, carece de un respaldo consistente debido a la complejidad de nuestra sociedad. Usar este imperativo en un país donde existen diferentes realidades sociales y económicas, es imprudente y hasta estúpido. Más aun siendo un medio de comunicación, donde quienes tienen la labor de informar objetivamente e investigar con perspectiva crítica, utilizan sus espacios para lanzar calificativos desde el balcón de la moralidad. Pero ¿de qué moralidad o civismo nos puede hablar un medio de comunicación que genera contenido como el de Magaly Medina, “Esto es guerra” o la nueva Laura Bozzo: Andrea Llosa? Aquí no quiero decir que sea necesario restringir este tipo de programas. Muchos aducen, con certeza, que es la población quién los elige y que gracias a ese nivel de audiencia se mantienen. Sin embargo, no nos hagamos los tontos. El menú que ofrece nuestra televisión nacional es pobre, no en cantidad, pero sí en calidad, muy similar a la oferta electoral y con ello, estamos orillando al televidente a consumir lo más nauseabundo del “entretenimiento”, lo entrecomillo porque dudo bastante que merezca ser llamado así.

La prensa peruana ha condenado públicamente al ciudadano de a pie por querer salir a trabajar pese a las prohibiciones existentes. Lo que es lamentable, estos hablan desde el bienestar y confort de un trabajo seguro. Recordemos que los medios de comunicación fueron parte de las actividades que no se suspendieron al iniciar la cuarentena, es decir, no han dejado de percibir un sueldo. A esto hay que añadir que algunos resultaron beneficiados de los grandes préstamos de Reactiva Perú, aun así, El Comercio cesó a una gran cantidad de trabajadores. En consecuencia, podemos observar la contradicción de aquel discurso que propone al gobierno de Vizcarra como un gobierno de izquierda. Aquellos que lo hacen parecen desconocer que económicamente la gran empresa privada (incluidos los medios de comunicación) ha sido la más beneficiada con estos programas. A su vez, aquella joven ministra a la que algunos crédulos adulan, se alineó perfectamente a los planes voraces de los poderosos grupos económicos. Y, por si fuera poco, Roque Benavides y la presidenta de la CONFIEP tienen el descaro de llamarle a este gobierno anti-empresa. Argumento creíble solo en aquel microempresario que no salió beneficiado de la suspensión perfecta o en el pequeño empresario que no recibió préstamo alguno de parte de Reactiva. Sin duda, el Perú necesita estar informado, la labor del periodismo es fundamental, pero hace mucho que nuestro periodismo está hundido en la complacencia, el contenido simplón, la crítica apasionada y poco sesuda.

Otra de las críticas insostenibles de nuestros medios de comunicación va dirigida hacia la gente que asistió en masa a centros comerciales luego de su reapertura. En una sociedad consumista como la nuestra, esto no debería sorprendernos. Lo repudiable es que esta crítica venga de quienes sustentan sus sueldos en base a esa publicidad agresiva. No olvidemos que los programas de televisión y radio no sobreviven sin auspiciadores. Hagamos alusión a la moralidad de nuevo. En nuestro país, basta que el auspiciador brinde considerables sumas de dinero a un determinado medio para parcializar al periodista, que incluso hace de comunicador de estas entidades, sino recordemos a qué medios financió Odebretch, o la campaña que hicieron algunas grandes empresas para impedir el uso de octógonos en los productos alimenticios. ¡No señores!, no nos van hablar de moralidad, no tienen derecho. Si esa publicidad que reproduce los estereotipos más nocivos de nuestra sociedad es la misma que crea necesidades al consumidor. Se le oferta no el producto o servicio, sino el estado que logra al comprarlo. Es en esta estimulación constante del deseo en la que se encuentra sumergido el individuo, ese deseo inacabable. Comprar es adquirir distinción social, éxito, admiración, libertad, amor, poder, etc., o al menos ese es el mensaje que transmiten. Compro, luego existo, decían algunos modificando lo dicho por Descartes. Entonces ¿cómo sorprenderse de la gran cantidad de personas aglomeradas en la puerta de un centro comercial? ¿Hipocresía? Sí, lo es. Los centros comerciales se han convertido en los templos de nuestra sociedad, a ellos acudimos a llenar vacíos y darle sentido a nuestra existencia, y los medios de comunicación han contribuido para que así sea.

El papel que desempeñan los medios en nuestro país es bastante cuestionable. Culpabilizar a la población es una estrategia que, lamentablemente, funciona; pues esta permite ponerle un velo al estado calamitoso en el que se encuentran nuestras instituciones y a la carente voluntad política para reformar el sector público; factores que van agudizando los efectos de la pandemia. Con esto no quiero decir que no exista irresponsabilidad de parte de la población, la hay, sino pregúntese usted lector ¿cuántas veces salió de casa por nimiedades? ¿cuántas veces pasó por alto las medidas sanitarias para evitar contagiarse y contagiar al otro? Sin embargo, es importante que aparte de esa autocrítica, los medios de comunicación asuman la responsabilidad que tienen. Se nos exige el lavado de manos constantemente, una medida necesaria para disminuir el contagio. Nosotros utilizamos agua y jabón; y los medios, la señal abierta.

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https://elpueblo.com.pe/seria-dramatico-un-colapso-de-los-medios-de-comunicacion-segun-el-consejo-de-la-prensa-peruana/

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